La lengua viperina de la presidenta argentina
por D.J. Sañudo el 12/07/2012 a las 01:45 horas
Es cierto que la presidenta de Argentina nos tiene ya medio
acostumbrados a salidas de tono con un fuerte tono populista que, en definitiva,
es el que le ha encumbrado en el poder. El último ejemplo pudo escucharse ayer durante
una de sus habituales diatribas enmascaradas de Cristina Fernández que ha llegado
hoy a los oídos de los españoles que, por otra parte, con el cabreo que todavía
tienen hasta les ha sabido a poco.
No es ni más ni menos que ese comentario espurio resultante
del peculiar análisis que hizo Cristina Fernández de la portada del periódico
El País del miércoles, que titulaba 'La UE pone bajo tutela a España'. Según la
propia presidenta se le quedó "la tostada atragantada" y se dio "un susto
bárbaro". Pero no es ahí donde está la anécdota, sino en esa coletilla de "miren
el pelado este" refiriéndose al ministro español de Economía y Competencia,
Luis de Guindos, en un lenguaje cuando menos cuestionable si tenemos en cuenta
no solo que es la máxima dirigente de un país, sino que Argentina es, a la
postre, uno de los 20 países más poderosos del mundo y del que cabría esperarse
una relación más diplomática, que se sepan medir las palabras, vamos.
Si a la mayoría de los españoles, todavía con la resaca de
los recortes anunciados ayer, les parece una nimiedad e incluso ellos se
animarían a dedicarle palabras más prolijas al titular de Economía español, no
es conveniente consentir ni acostumbrarse a las salidas de tono de una
presidenta que vive y bebe de este tipo de actitudes, cada vez más animada a
seguir la senda chavista del vituperio gratuito.
La presidenta afirmó que casi se le estropeó el desayuno al
leer la noticia, pero hay otros asuntos que deberían de preocuparle más, como
los oscuros vericuetos en los que se mueve su vicepresidente, Amado Boudou, las prohibiciones que se
ha visto obligada a tomar para que la población trate de confiar en una moneda
en la que ni los más patriotas creen, el peso argentino, y que tratan por todos
los medios de cambiarla en una moneda más estable como el dólar, la deuda
galopante que arrastra el país o los problemas de avituallamiento que tienen
hospitales y quirófanos del país sin que parezca importarle, por citar algunos
ejemplos.